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Fisioterapia y actividad física en la salud cardiovascular y cerebrovascular 

El cuerpo humano alberga unos 100.000 kilómetros de vasos sanguíneos. Es una red de tuberías lo suficientemente extensa como para dar dos vueltas y media a la Tierra. Mantener la presión, el flujo y la salud de este inmenso sistema circulatorio es un desafío mecánico y biológico colosal para un músculo del tamaño de un puño. Y el secreto evolutivo es que el corazón no fue diseñado para hacer este trabajo solo.

Cada 8 de septiembre, en el Día Mundial de la Fisioterapia, es necesario recordar que la profesión de fisioterapeuta va mucho más allá del tratamiento del dolor articular. Son especialistas en la ciencia clínica del movimiento, y cuando se trata de enfermedades cardiovasculares (ECV) y accidentes cerebrovasculares (ictus) (las principales causas de morbimortalidad y absentismo laboral), la fisioterapia y el ejercicio físico son herramientas biológicas de primer orden.

El «segundo corazón» y el termómetro de la salud

Nuestra anatomía cuenta con mecanismos de asistencia vitales. Los músculos de las pantorrillas (especialmente el sóleo) actúan como verdaderos «corazones periféricos». Cada vez que caminamos, nos ponemos de pie o hacemos una sentadilla, estos músculos se contraen y exprimen las venas profundas de las piernas, bombeando la sangre de vuelta hacia el tórax en contra de la gravedad. Cuando una persona trabajadora pasa ocho horas inmovilizada en una silla, apaga estos motores auxiliares, obligando al corazón a realizar un esfuerzo constante y favoreciendo el estancamiento venoso. Es el peligro de ser lo que consideramos una «persona sedentaria activa», un estado donde la inmovilidad prolongada anula muchos de los beneficios del deporte que se realiza fuera del horario laboral.

Por eso, como hemos comentado en publicaciones anteriores, evaluar la fuerza no es solo una cuestión de ergonomía. Medir la fuerza de agarre con un dinamómetro actúa como un auténtico termómetro de la salud sistémica. Si un individuo pierde fuerza, está perdiendo red de apoyo vascular. La debilidad muscular correlaciona directamente con la vulnerabilidad cardiovascular porque indica que esa «bomba de asistencia» está fallando.

La farmacia interna: El músculo como órgano endocrino

El músculo no es solo tejido mecánico; es el órgano endocrino más grande de nuestro organismo. Al contraerse, libera al torrente sanguíneo un cóctel de cientos de sustancias químicas conocidas como miocinas.

Estas moléculas son mensajeras que viajan directamente al sistema vascular y al cerebro. Una de las más importantes es la IL-6 que, liberada durante la contracción muscular, tiene un potente efecto antiinflamatorio sistémico. Este detalle es crítico en la prevención de riesgos: la aterosclerosis (el taponamiento de las arterias que lleva al infarto) está mediada por la inflamación crónica de bajo grado. Además, el flujo de la sangre rozando las paredes de las arterias durante el movimiento (lo que en hemodinámica se llama shear stress) obliga a estas a liberar óxido nítrico, el vasodilatador natural más potente que existe.

Moverse con regularidad durante la jornada laboral es, literalmente, fabricar medicación antiinflamatoria a demanda y sin efectos secundarios. 

Reprogramando el sistema tras el impacto: Neuroplasticidad y adaptación

El verdadero milagro del cuerpo humano se revela cuando ocurre un fallo en el sistema, como un infarto agudo de miocardio o un accidente cerebrovascular (ictus). La ciencia médica ha evolucionado de forma fascinante en las últimas décadas. Si en el pasado la intuición dictaba un reposo casi absoluto para proteger a una persona convaleciente, la evidencia actual nos ha enseñado que el movimiento es el verdadero catalizador de la recuperación.

Aquí es donde el o la profesional de fisioterapia actúa midiendo y ajustando las cargas para devolver a la persona su autonomía:

  • En el cerebro (Ictus): Un accidente cerebrovascular interrumpe las conexiones neuronales, limitando funciones motoras básicas. ¿Cómo se soluciona? A través de la neuroplasticidad. El cerebro tiene la asombrosa capacidad de reconfigurarse y crear nuevas «carreteras» neuronales, pero necesita estímulos constantes y precisos para lograrlo. Mediante el ejercicio terapéutico orientado a tareas, la fisioterapia neurológica obliga al cerebro a reconectar sus circuitos, recuperando el equilibrio, la marcha y la funcionalidad perdida.
  • En el corazón (Infarto): Tras un daño cardíaco, el corazón es un motor que debe volver a tolerar el esfuerzo. Los programas de rehabilitación cardíaca utilizan el ejercicio aeróbico y de fuerza de forma progresiva. El secreto fisiológico es brillante: si un profesional de fisioterapia ayuda a una persona convaleciente a aumentar la fuerza de sus piernas y brazos, cualquier tarea cotidiana (subir escaleras, cargar la compra, rendir en su puesto de trabajo) le costará mucho menos esfuerzo. Al hacer más eficientes a los músculos periféricos, le quitamos un enorme peso de encima al corazón.
corazon

Figura adaptada del artículo de Fiuza-Luces, C. et Al (2018).

La fisioterapia: La pieza clave en la gestión de la capacidad funcional

En un ecosistema laboral seguro, cada disciplina tiene un papel irremplazable. En este engranaje, la fisioterapia aporta una competencia clínica única y especializada: la gestión y optimización de la capacidad funcional de cada persona. Nuestra labor no compite con la ergonomía aplicada desde el área técnica ni con el diagnóstico médico, sino que las complementa desde la funcionalidad. La fisioterapia como especialistas en la ciencia del movimiento, su función autónoma es evaluar de forma objetiva la tolerancia al esfuerzo de la plantilla y prescribir el ejercicio terapéutico con la precisión de un fármaco. Dosificar las cargas, planificar la progresión de la intensidad y adaptar el movimiento a la realidad clínica individual es lo que transforma la simple actividad física en un verdadero escudo cardiovascular. Contar con profesionales de la fisioterapia permite a la empresa dar el salto hacia una prevención verdaderamente integral de todo el cuerpo, dotando a las personas trabajadoras de la fuerza y la resistencia metabólica necesarias para proteger su sistema vascular desde el propio tejido muscular.

Una inversión biológica innegociable

La salud laboral del presente y del futuro ya no puede permitirse el lujo de ser sedentaria. Cuidar de las plantillas exige pasar de la prevención pasiva a la acción.

Este 8 de septiembre es una nueva oportunidad para cambiar la mirada. Fomentar la actividad física y el ejercicio terapéutico en el entorno laboral trasciende las simples pausas para estirar.

Si queremos proteger los 100.000 kilómetros de vasos sanguíneos de nuestras plantillas y asegurar una rehabilitación rigurosa tras un evento crítico, debemos empezar a medir la capacidad funcional real e integrar el movimiento como una necesidad biológica innegociable. La fisioterapia, con su base en la evidencia y la medición clínica, es el nexo indispensable entre la protección de la salud y la sostenibilidad del trabajo.

¡Contacta con la Asesoría de Prevención de Mutualia y descubre cómo puedes implementar estas estrategias y dar un paso hacia un entorno laboral más saludable y productivo!

Bibliografía

  • Fiuza-Luces, C., Santos-Lozano, A., Joyner, M., Carrera-Bastos, P., Lourenço, O., Fratiglioni, L., … & Lucia, A. (2018). Exercise benefits in cardiovascular disease: beyond attenuation of traditional risk factors. Nature Reviews Cardiology, 15(12), 731-743.
  • Billinger, S. A., Arena, R., Bernhardt, J., Eng, J. J., Franklin, B. A., Johnson, C. M., … & American Heart Association Stroke Council. (2014). Physical activity and exercise recommendations for stroke survivors: a statement for healthcare professionals from the American Heart Association/American Stroke Association. Stroke, 45(8), 2532-2553.

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