Volver

Baloncesto

Las destrezas físicas del deporte de la canasta

Euskadi es uno de los lugares donde más se practica el deporte baloncesto, al contar con numerosos equipos de todas las categorías. Es cierto que el Baskonia y el Bilbao Basket, así como el Gernika, Araski o Gipuzkoa en chicas, ocupan las páginas y espacios de prensa escrita, radio y televisión. Pero, cada fin de semana, miles de chicos y chicas se entregan al deporte de la canasta en las canchas de polideportivos, ikastolas y colegios de cada municipio y de cada barrio. Además, las selecciónes vascas masculina y femenina, respaldadas por la Unión de Federaciones Deportivas Vascas-Euskal Kirol Federazioen Batasuna, compiten cada año ante selecciones internacionales, mostrando el gran nivel en esta modalidad. Y es que el baloncesto es un deporte que se puede empezar a practicar desde las edades más tempranas. Se juega tanto al aire libre como en pista cubierta, por lo que durante el invierno, que pronto llegará, o con días de mal tiempo, no es obstáculo para que niños y niñas jueguen sus partidos o se entrenen. El baloncesto aporta muchos beneficios físicos, como una mejor coordinación o una mayor concentración y una interesante rapidez de reflejos. También ayuda a desarrollar la agilidad y las habilidades locomotrices, además de aportar una gran resistencia a quien lo practica. Esta modalidad deportiva cuida y protege el sistema cardiovascular y mejora, además, la resistencia muscular, ayudando a quemar calorías.

El baloncesto, en su vertiente social, fomenta la autonomía de quien lo practica. Y ayuda, sobre todo a las y los más pequeños, a sentirse parte de un grupo preparándoles así para ocupar un lugar en la sociedad. Les enseña valores como la cooperación, la solidaridad y el juego en grupo. Porque en los deportes en los que se comparte equipo, más que la competitividad es muy importante la cooperación y el compañerismo. La propia dinámica de este juego enseña a niños y niñas a actuar con rapidez, a tomar decisiones en poco tiempo y a resolver las situaciones comprometidas que plantean los partidos. Como cualquier deporte de alta intensidad, el baloncesto demanda un buen gasto energético y metabólico. Hay ataques rápidos, muchas carreras, saltos en busca del rebote y un movimiento constante que exige un sobreesfuerzo físico que posibilita mejorar la resistencia. Se estimula también la capacidad aeróbica, fortalece los pulmones y aumenta el nivel de energía y resistencia metabólica. Por tanto, es un deporte recomendable para potenciar la resistencia cardiovascular y regular la circulación sanguínea y la presión arterial en los más jóvenes. La capacidad para controlar los músculos y cada parte del cuerpo se desarrolla de forma natural a medida que el niño y la niña crecen y van ganando en autocontrol. Es también un deporte ideal para mejorar el equilibrio y estimular la agilidad, sobre todo debido a las respuestas de los bloqueo, pases de todo tipo, cantidad de saltos, carreras, defensas, driblings, entradas a canasta, lanzamientos de diferentes distancias, contraataques, recuperaciones… Se consiguen muchas destrezas que requieren una buena dosis de planificación, de precisión y unas reacciones muy rápidas. El baloncesto es un deporte que demanda agilidad para mover los pies y responder con rapidez ante los cambios de dirección del balón. Por eso, los niños y niñas que practican baloncesto desarrollan estas destrezas físicas citadas, y las cognitivas que les permiten superar de distintas maneras al equipo contrario, preparando jugadas y moviéndose en la cancha con habilidad. Se insiste en la capacidad para responder con rapidez, una ventaja que estimula su creatividad. Es tiempo de representar en nuestras pistas de baloncesto miles de partidos a lo largo de una temporada en la que se formarán personas con el deporte de la canasta.

Noticias relacionadas